
El otro día por cosas del destino me dejé mi esponja en el lavabo grande, así que una vez con la cabeza mojada no la tenía. Hasta que me percaté de que estaba la de mi mujer, esa cosa llena de volantitos.
La cogí, la miré le di vueltas, analicé sis volantes y me dije, “po vale” y le heché un chorro de jabón corporal. ¿Quién ha inventado esa esponja maldita del infierno?
Según me restregaba la esponja notaba como rascaba, si dicen que para sacar pieles muertas, y una mierda! para despellejarte!, su tacto es incómodo, no sabes ni como cogerla y además el jabón no permanece ahí. Hecho de menos a mi esponja que la apretas y sale mucha espuma y te ACARICIAS todo el cuerpo con ella, y es suave, y da gusto por la espalda y ducharse es un placer.
Así que reivindico un club anti esponjas con volantes!